MARTE
(THE MARTIAN)
Después de una mala racha de
películas de calidades cuestionables Ridley Scott decide volver a sus orígenes
y llevarnos al espacio. Y ahora no nos reducimos a la Nostromo de Alien: el Octavo Pasajero (una de sus
películas de culto), sino que tenemos un planeta entero ante nosotros: Marte.
En esta ocasión le toca a Matt
Watney (Matt Damon), nuestro protagonista, quedarse solo y abandonado en el
planeta rojo, incomunicado y rodeado de peligros. Damon hace un excelente
trabajo: sabe transmitirnos el miedo y ese toque de humor que le sienta tan
bien a la película.
Pero no solo es él. Tenemos una
tripulación espacial entera que tiene un gran viaje por delante para volver a
casa y a la NASA, controlando todo lo que pasa desde la Tierra. Junto a la
tripulación del Ares III es con quien pasamos menos tiempo, pero como los
personajes están tan bien construidos y llevados y la película cuenta con un
excelente reparto el poco tiempo que pasamos con ellos es suficiente, pues
terminas conociéndolos a todos y empatizando con todos (puede que el personaje
de Sebastian Stan se quede un poco más en lo superficial y por debajo del
resto, pero es un detalle que no estropea el conjunto).
Respecto a la NASA hay que decir que
puede que no se merecía tanto tiempo en pantalla. La componen muchos personajes
y, aunque terminas conociendo la función de cada uno de ellos, es posible que
te termines cansando un poco y queriendo volver a Marte a ver qué le pasa a
nuestro protagonista. Aún así este componente es muy importante y auténtico. Se
nota que la verdadera NASA retocó más de 50 páginas del guión para que todo
fuera más creíble.

Harry Gregson-Williams hace un
perfecto trabajo con la banda sonora. Con una melodía sencilla, que nos hace
sentir la soledad del personaje, ha conseguido que ésta aún resuene en mi
cabeza. Con el estreno de Guardianes de
la Galaxia surgieron muchas películas que sacaban de ésta el estilo pop y ochentero. The Martian también copia en cierta parte esta fórmula y le sienta
realmente bien, estando compuesta por canciones de la época llenas de
positivismo.
La historia está muy bien montada.
Aunque tenemos a un personaje que durante casi toda la película está
incomunicado, ésta no se siente pesada, más bien todo lo contrario: es ágil,
amena y muy disfrutable.
Es capaz de que sientas tensión en
momentos que en el fondo sabes que todo irá bien porque todo lo que aparece en
pantalla, aunque está basado en un futuro (tal vez no tan lejano), se siente
muy real.
Además, The Martian no cae en el error que en los últimos años están
cayendo muchas películas: no se cree más lista de lo que es. Aprendemos
conceptos nuevos de una forma natural porque el protagonista en cierta parte
también los está aprendiendo. Algunos films como Insterstellar tratan de explicarte directamente a ti lo que está
pasando porque necesitan que lo sepas antes de que esto ocurra. Por el
contrario en este largometraje vemos hablar a los personajes con naturalidad y
no parece que estés en una clase de física. Pondré de nuevo el ejemplo de Interstellar, aunque los dos films
pretendan cosas totalmente distintas. Cuando salí de ver la obra de Christopher
Nolan llevaba la cabeza llena de nuevos conocimientos debido a que la película
se paraba a contármelos para que los entendiera y que al terminar la película
me sintiera más listo o inteligente. Y The
Martian hace todo lo contrario: aprendes cosas nuevas pero de una manera
natural, dejándote a ti pensar y deducir qué puede pasar.
Tal vez cometa el fallo de darle ese
toque patriótico y americanado, pero es algo que en lo personal lo perdono.
En definitiva, la última película de
Ridley Scott es divertida y memorable. Con esa balanza de tensión y humor que Scott
lleva de una manera ágil y elegante. Perfecta para disfrutar de ella una buena
tarde de cine. Puede que no sea la mejor obra del director y puede que a veces
se la juzgue de forma injusta comparándola con otras películas de estilo, pero
para mí The Martian es de lo
mejorcito que llevamos en el 2015.
DAVID LAGARES MESTA,
1ºBto A
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